Mientras desayunábamos se nos acercó un lugareño y nos hizo saber que pasamos la noche en la zona donde la gente pobre hace sus necesidades. Entonces entendí la causa del miasma allí reinante.
Volvemos al centro y alquilamos una piragua, para visitar los poblados ribereños bozos, peuls y tuareg.
En estas aldeas los niños tienen la costumbre de cogerse de nuestras manos. No era raro llevar cuatro o cinco niños en cada mano, repitiendo a discreción la sempiterna cantinela de monsieur cadeau como si fuésemos los reyes magos.
Para comer, elegimos el mismo sitio que el día anterior, el restaurante del Hotel Atlántic.
Después salimos hacia Djenné, a unos 100 Kms. Tres kilómetros antes de llegar tenemos que coger un transbordador para cruzar en brazo del Níger. En la otra orilla nos quedamos atrapados profundamente en la arena. Pese a que los lugareños voluntariamente se tomaron como cosa personal el liberar el vehículo de su trampa, no fue tarea fácil.
Djenné es sin duda la ciudad más bella y limpia de Malí. En otro tiempo fue una capital islámica intelectual. En el periodo de inundaciones sólo se puede llegar en transbordador.